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MANIFIESTO POR LA PAZ

 

El internacionalista polaco Edmund Jan Osmañczyk estimó que en los últimos 5.500 años ha habido 14.513 guerras que han costado 1.240 millones de vidas y han dejado un saldo histórico de solamente 292 años de paz. La primera vez que las sociedades se plantearon el “Derecho de Gentes” fue precisamente a inicios del siglo XVI cuando confluyeron – con sus luces y sus sombras – dos mundos que hasta entonces habían sido recíprocamente invisibles: América y Europa. No por casualidad, España fue quien, por vez primera, se planteó una reflexión tanto filosófica, como jurídica y teológica acerca de los derechos naturales de las personas que habitaban aquel “Nuevo Mundo”. En España, Francisco de Vitoria, retomando los planteamientos de Santo Tomas de Aquino, fue el primer pensador que postuló la defensa de los derechos humanos, sentando con ello las bases de lo que siglos más tarde llamaríamos Derecho Internacional.

Cinco siglos después – tras millones de víctimas de las guerras y los conflictos – nos dimos cuenta de que la paz podía construirse. No era una utopía, por muy difícil que resultara la meta. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1947) despejó el camino y nos marcó el Norte a modo de brújula moral. Las Convenciones de Ginebra (1948) pusieron coto a la inhumanidad milenaria de la guerra cuando esta, por desgracia, resulta imparable. Pero la paz no es imposible.

Johan Galtung, a mediados de los setenta del siglo pasado, definió la construcción de paz como “un emprendimiento político que tiene como objetivo crear una paz sostenible afrontando las causas estructurales o profundas de los conflictos violentos a partir de las capacidades locales para la gestión pacífica de los mismos”. En los años setenta del siglo XX el “emprendimiento político” era fundamental – y lo sigue siendo -, de ahí la definición clásica de Galtung. La creación de las Naciones Unidas – este año conmemoramos su 80o aniversario – fue un hito fundamental para esa construcción y consolidación de paz bajo el auspicio de sus estados miembro y de sus numerosas iniciativas tales como el Pacto Mundial, los Principios Ruggie, los Objetivos del Milenio (ODM) o sus más recientes herederos, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que en la actualidad son la hoja de ruta con mayor consenso internacional para la construcción de un mundo mejor. Somos en realidad una “cosmópolis”, en donde todo hombre es potencialmente ciudadano no sólo de un Estado sino del mundo.

Hoy al enorme impulso político para la prevención de conflictos de la segunda mitad del siglo pasado se ha sumado la aparición en la escena nacional e internacional de una sociedad civil fuerte, activa y profundamente concienciada sobre los problemas que la afectan y a los que también puede afectar. Y entendemos por sociedad civil a todos los actores no estatales, tales como son las empresas y corporaciones, universidades, centros de investigación, colegios, organizaciones religiosas, medios de comunicación y, por supuesto, las organizaciones sin ánimo de lucro. Los stakeholders (partes interesadas) – y todos los somos con respecto a alguien o a algo – ya no representamos el tradicional rol pasivo que nos relegaba a sufrir los desastres de la guerra, de la pobreza o de la injusticia social – muy a menudo causas estructurales de los conflictos – sino que hemos aprendido a tomar la iniciativa para construir un mundo mejor con los maravillosos recursos que nos brindan los avances científicos, la democracia y los derechos civiles algunos de los cuales fueron defendidos de formas muy diversas pero igualmente inspiradoras por personalidades tan excepcionales como Luther King, Mandela, Kennedy, Malcom X o Rigoberta Menchu.

1. Anteponemos la acción a la palabrería o al simple lamento. No tenemos una visión fatalista de la realidad, y aunque no ignoramos su peor rostro tampoco ocultamos los enormes progresos. Ante la existencia de graves problemas queremos actuar y vamos a hacerlo constructivamente y en proporción a nuestras fuerzas y recursos.
2. No estamos solos y somos conscientes de que individualmente no inventamos nada, pero podemos sumar mucho; por ello cooperaremos con otros desde nuestras respectivas zonas de influencia – públicas o privadas – en la construcción de un mundo mejor, más limpio, más justo y pacífico. Y como no actuaremos solos trataremos de implicar a nuestros grupos de interés (stakeholders).
3. Actuaremos con realismo, imaginación, ilusión y humanidad y lo haremos principalmente con las herramientas que mejor manejemos y que mayor impacto supongan en la promoción de la paz, la concordia y la justicia social.
4. Las creencias religiosas, las ideologías o las pasiones contrapuestas no serán un freno para una verdadera construcción de paz y una expansión de la justicia que se sustente en el magnífico armazón que se ha ido forjando desde la Declaración de los Derechos Humanos y la creación de las Naciones Unidas, pero también desde la espiritualidad que ilumina y la filosofía que cuestiona y busca un sentido.
5. Entendemos que la formación – desde la infancia a la edad adulta – es la base fundamental sobre la que se han sustentado los mejores logros de la humanidad, por ello nos comprometemos a formar, educar y sensibilizar en el valor de la paz y la sostenibilidad ambiental en todos aquellos ámbitos en los que podamos realmente influir, empezando por nuestros propios socios, accionistas, trabajadores y colaboradores.
6. Invertiremos y gestionaremos nuestros recursos y equipos humanos con una sensibilidad social alineada con estos valores humanos y con los grandes principios rectores de NNUU que los sistematizan y regulan pues entendemos que el primer paso para cambiar el mundo empieza en nuestro propio ecosistema familiar, social o institucional.
7. Creemos que la transparencia es la mejor prueba para acreditar nuestra coherencia ética y para ampliar el circulo virtuoso en el que nace el verdadero progreso y por ello nos comprometemos a ser embajadores de este manifiesto, así como otros códigos de conducta que tengamos suscritos, para que sirvan de inspiración a otros y de compromiso público de nuestros valores.
8. Cooperaremos con las instituciones nacionales e internacionales para promover la paz y la justicia social, con especial empeño en la lucha contra la corrupción y el soborno, en la erradicación y denuncia de malas prácticas laborales y actuando activamente a favor de la inclusión y de la igualdad.
9. Registraremos y sistematizaremos periódicamente nuestra actividad para construir un mundo mejor, y muy especialmente en la promoción de la paz, los derechos humanos y la justicia social.
10. Nos comprometemos a compartir anualmente nuestros avances, al menos, con el resto de abajo firmantes, no tanto por afán exhibicionista cuanto por intercambiar con otros nuestras pequeños éxitos y fracasos y también para obligarnos a actuar en coherencia con este MANIFIESTO.

Kathleen Kennedy (Ex Gobernadora del Estado de Maryland), Rigoberta Menchú (Premio Nobel de La Paz), Bernardo Kliksberg (Gurú Mundial en Ética y Desarrollo), Jesús Linares (Embajador Mundial del Cambio Climático), María Eizaguirre (Periodista), Jesús Calleja (Presentador y aventurero), Fernando Navarro (CEO HAC Business School), Jesús A. Lacoste (Vicepresidente ICLF).

¿Firmas nuestro Manifiesto por la Paz, la Justicia y la Lucha contra el Cambio Climático?

 

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La I Cumbre Mundial: Refundar el Planeta es el evento más relevante del mundo que se desarrollará desde la acción de la sociedad civil a nivel internacional. Acudirán 1.000 líderes del mundo en búsqueda de las claves para mejorar el planeta en los problemas que ocupan relevancia en la AGENDA 2030 DE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE.

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